Published On: Lun, Jun 19th, 2017

LA HISTORIA SOBRE RIELES, ENTRETEJIDA.

Que me lleve el tren.

LA HISTORIA SOBRE RIELES, ENTRETEGIDA.

POR JORGE MAURO NAVARRO RIVERA.

Estar en la ciudad de Puebla, con motivo de estas fiestas paternales, visitando el modesto pero representativo museo nacional de los ferrocarriles no deja sino la puerta abierta a la memoria reciente e histórica de lo que este sector de la industria del transporte representó y se sigue planteando para el desarrollo económico y social de este país. Historias entretejidas a lo largo y ancho del todavía “sistema ferroviario mexicano” ahí están, presentes y vivas.

A la edad de 16 años y cursando el año de 1920, según consta en documentos oficiales de la empresa FNM, sentó escalafón como auxiliar de pintor de fuerza motriz y equipo de arrastre ( taller mecánico) Gumersindo Navarro Pacheco, mi entrañable abuelo.

De origen poblano, pero no precisamente también de ahí, el longevo hombre de ojos azules ultramar, se hizo pintor maestro y trabajó en esa empresa por más de 50 años. Mi padre fue el menor de seis hijos procreados con Lucrecia Carreón González, abuela tlaxcalteca a la que nunca conocí de la cual dicen mis tías resucitó en al menos una nieta y bisnieta.

La historia corroborada indica que migrantes del riel llegaron ambos, mis abuelos, en un carro campamento desde Tlaxcala para empezar a establecerse en Orizaba.

Juan, uno de los tíos, registra la cruda experiencia que en el transcurso de este u otro viaje a mi abuela se le murió un bebe en sus brazos con el cual viajó, desde Apizaco, en éstas circunstancias por horas hasta llegar a la ciudad de Orizaba.

Ya en Orizaba, la pluviosilla todavía Manchester orizabeña, trabajando y viviendo en carro campamento por algunos años dejando éste en los patios de la estación y se fueron a vivir en la zona del arenal, poniente 9 y sur 18.

El establecimiento final de la familia fue hacia el año de 1945 en unos recién asignados predios para el efecto de establecer de facto la colonia de Trabajadores Ferrocarrileros, ahora colonia Modelo.

En ese entonces el predio, según me narran, era inhóspito y peligroso en medio de montes y todo tipo animales rastreros entre ellos serpientes.

Ya en la colonia Ferrocarrilera mi familia antecesora, los más pequeños, entre ellos Lourdes, veía llegar a mi abuelo hasta el hogar, después de horas de tiempos extras, haciéndose presente a lo lejos con un punto encendido, y de cerca, ya abrirse camino con el fuego de una antorcha en la mano.

Hijo, nieto y sobrino ferrocarrilero, la estima rielera. Ni se diga de viajes y aventuras de infancia en ese entorno del gusano de hierro.

 

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