Published On: Jue, May 25th, 2017

Inseguridad a la alza en Veracruz y la siembra de miedo a votar…

CLAROSCUROS

José Luis Ortega Vidal
(1)
Un amigo empresario me contó la historia allá por el año 2015.
Abrió una sucursal de su negocio en un lugar de Oaxaca, a partir del éxito de su matriz en Veracruz.
Todo marchaba bien hasta que se enteró que a un pequeño comerciante vecino lo mataron a tiros porque corrió a una joven empleada (ignoro si en condiciones laborales justas o injustas)
El novio o marido de la afectada pagó tres mil pesos y dos muchachos a bordo de una motocicleta se encargaron del “trabajito”.
Aquel hecho le dio miedo a mi amigo y cerró la sucursal.
Regresó a la matriz, a la atención personal del negocio que le permitía mantener a su familia y un día, ya en el 2016, vino la tragedia: el crimen organizado secuestró a uno de sus hijos.
Se abocó de lleno a la negociación con los secuestradores; pasaron semanas; malvendió todo lo necesario y pagó el rescate.
Su hijo volvió vivo a casa y la familia se marchó de la entidad veracruzana.
Nadamás en el 2016 la diáspora en el sur de Veracruz, ligada a casos semejantes, rondó entre los 600 y 1000 casos.
Algunas familias dejaron abierto el negocio y alguien vuelve eventualmente a supervisarlo; otras cerraron o traspasaron…
(2)
Uno de los momentos más álgidos de esta persecución del crimen contra la sociedad veracruzana en general se vivió durante los últimos meses en que gobernó Javier Duarte de Ochoa.
Se escribió, se denunció desde múltiples columnas y voces de grupos sociales que la Secretaría de Seguridad Pública a cargo de Arturo Bermúdez Zurita –hoy preso- estaba infestada de integrantes del crimen organizado.
Se señaló al propio Secretario de aprobar desapariciones y ejecuciones sumarias.
Tras la salida de Javier Duarte del poder negociada con Miguel Angel Osorio Chong, Secretario de Gobernación, entró en funciones Flavino Ríos Alvarado en calidad de gobernador interino.
Ríos Alvarado era Secretario de Gobierno y se convirtió en jefe del ejecutivo a partir del 13 de octubre del 2016 por un breve lapso de 48 días.
Ese período de siete semanas tuvo –entre otras- dos características: disminuyó el alto índice de inseguridad en Veracruz y se generó una gran inestabilidad política.
Aclaro: no desaparecieron los robos, secuestros, asesinatos, ejecuciones, guerra entre cárteles, sólo disminuyeron ante la intervención directa de la Secretaría de Marina que se hizo cargo de la Seguridad Pública estatal.
Por lo que hace a la inestabilidad política el responsable de organizarla fue el gobernador electo Miguel Angel Yunes Linares.
Las finanzas veracruzanas estaban –aún lo están y lo estarán por décadas- literalmente colapsadas.
Los Ayuntamientos no tenían dinero ni para su nómina; todos los organismos públicos estatales lucían paralizados; hubo gente que murió por la falta de recursos humanos y materiales en los hospitales y corría el rumor de que el gobierno federal no permitiría a Yunes Linares acceder al poder.
En respuesta y en aquel contexto, apoyado por su hijo Miguel Angel Yunes Márquez -alcalde de Boca del Río- y por Ricardo Anaya -dirigente nacional del PAN- Yunes Linares ordenó la toma del palacio de gobierno, impidió a Flavino Ríos realizar cualquier mínima maniobra a fin de que las finanzas y el aparato político a su cargo respiraran y amenazó con cimbrar al país con información privilegiada el día de su toma de protesta como gobernador, el primero de diciembre del 2016.
Aquel mensaje surtió efecto: Flavino Ríos Alvarado demostró su debilidad política particular, entregó el poder y acabó detenido el 12 de marzo del 2017.
Actualmente atiende la querella en su contra desde casa por “acuerdo” con un juez y tras sufrir una crisis de salud.
Eso sí su prestigiada y exitosa Notaría en su natal Minatitlán fue retenida por el Estado y está sujeta a investigación.
Un ex gobernador, Javier Duarte de Ochoa, preso en Guatemala bajo la certeza absoluta de haber sido el peor ladrón que haya gobernado Veracruz, lo que ha sumido a su marca política, el PRI, en el más patético futuro electoral de cara a los comicios por 212 alcaldías el próximo 4 de junio…
En Veracruz, el PRI apesta a Javier Duarte y ese hedor desata ira en la inmensa mayoría de comentarios cotidianos y tendencias de la próxima votación…
Al mismo tiempo, otro ex gobernador, Flavino Ríos Alvarado, es acusado de complicidad con Duarte aunque sobre él sólo se ha arrojado –hasta hoy- la humillación, la exhibición pública e igualmente el señalamiento sobre el origen del mal olor tricolor…
(3)
Ante este contexto es importante preguntarse: ¿Qué ha pasado con el tema de la seguridad durante los primeros seis meses del gobierno de Miguel Angel Yunes Linares?
Las primeras semanas transcurrieron en forma semejante a los 48 días de gobierno de Flavino Ríos Alvarado: con relativa estabilidad.
Los últimos meses, empero, han regresado a Veracruz al escenario que sufríamos cuando gobernaba Javier Duarte: los secuestros, robos, ejecuciones, desapariciones, asesinatos son comunes de norte a sur y en todo el centro de llanos y montañas.
En Claroscuros he denunciado una y otra vez las huellas del crimen organizado en el proceso electoral veracruzano del 2017.
Descaradamente hay gente con pasado y presente ilegal involucrada en la elección de nuevos cabildos.
A esa afirmación, añado una pregunta: ¿el incremento –cada día más intenso- de los índices delictivos busca generar miedo en el electorado?
De ser así ¿a quién o quiénes les convendría que la gente no salga a votar; es decir, que la participación de los sufragantes sea baja?
Los comicios municipales del 2017 están ligados con la elección de nuevo gobernador y legisladores veracruzanos en el 2018.
A manera de hipótesis, planteo la idea de que el mapa electoral tan diverso y disperso donde un municipio como Veracruz cuenta con 650 mil habitantes y otro como Coetzala con solo 2 mil 144 habitantes, representa una complejidad que lo abarca todo: desde problemas económicos, de salud, educativos, de comunicación hasta de control político y por ende de gobernabilidad.
Los grupos de poder, sin duda, dejarían pasar un municipio como Coetzala pero serían capaces de matar, secuestrar, amedrentar por la obtención de triunfos en municipios como Veracruz, Xalapa y Coatzacoalcos, que juntos reúnen a más de 1 millón 400 mil habitantes; es decir casi el 20 % de la población total de la entidad compuesto por 8 millones de veracruzanos.
He ahí que factores como la inseguridad de origen múltiple y la generación manipulada de miedo se liguen, potencialmente, al control electoral de una sociedad democráticamente imberbe.

 

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