Published On: Jue, Feb 16th, 2017

Es fácil envenenar a la izquierda.

Por Isael Petronio Cantú Nájera

La gente dice “izquierda” como postura política con mucha facilidad; coloquialmente ahora se dice “izquierdista” todo aquel que está en contra del gobierno o de lo que sea: -¡eres un izquierdista! Se lanza el epíteto para ofender a cualquiera que no esté con lo establecido.
Pero no es así, en todo caso, debemos puntualizar que la izquierda histórica nació en la Revolución Francesa y estaba conformada por los revolucionarios que derrocaron al Rey y lo decapitaron, transformando el régimen de privilegios por uno de mayor igualdad entre los ciudadanos; en suma, debemos decir que izquierda es una postura que lucha contra los privilegios que otorga un régimen.
El régimen neoliberal, dentro del sistema capitalista, se construyó creando un nuevo modelo de privilegios, donde destacan los altos puestos administrativos de la burocracia, donde los altos salarios, los vales, el pago de servicios, las vacaciones y infinidad de mecanismos administrativos y la impunidad ante actos contrarios a la ley, reconstruyen casi los que tenían las clases nobles de las monarquías.
Vivir dentro del presupuesto y administrando el dinero público, se ha vuelto el objetivo social de millones de mexicanos; obviamente lo buscan con ahínco quienes se educaron dentro de la moral priista y panista, siendo los creadores de las máximas: ¡Vivir fuera del presupuesto es un error! Y ¡No me den, pónganme donde hay!
Obviamente, esta moral de tan baja calidad social terminó por impactar toda la estructura social del Estado mexicano, al grado, de que la corrupción lo ha dinamitado y lo está llevando a un grave conflicto social que en algunos lugares ya se dirime con las armas en las manos: narcos creando estaditos, guerrilla creando zonas liberadas.
Los millones de mexicanos que viven en la pobreza ven con odio y envidia lo que gana un diputado, un senador, un presidente, un dirigente político de partido y demás funcionarios público; pero además, se encabronan de como se roban el dinero público y se lo reparten entre jueces venales. Se acusa, de manera preponderante al priismo del estado de cosas, lo cual es cierto, pero actualmente, lo que fue su modus operandi político, ahora es cultural: derechas e izquierdas pasando por el centro político están actuando con un cinismo brutal que hacen de la corrupción su carnet de identificación.
Queda en el fondo, el pensamiento llano, lato, justiciero de que la izquierda debe ser honesta, no robarse de ningún modo el dinero que es del pueblo y para esa izquierda social, la “izquierda politiquilla” elabora un discurso demagógico que confunde y aturde, y mantiene embobado a un sector importante del pueblo; el centro y la derecha, no tienen nada que reprocharse, se asumen listos, emprendedores, audaces y si se hacen ricos robándose el erario y nadie se da cuenta, pues ¡Ya la hicieron! ¡Son unos chingones!
Por eso muchos de los dirigentes, mujeres u hombres, autonombrados como de izquierda, juegan a la división del movimiento social y profundo de la izquierda, porque lo que menos quieren y lloran y se rompen los vestidos, es que la situación cambie y ellos y ellas: ¡Pierdan sus privilegios!
Lo peor de todo esto, es que el centro y la derecha lo saben y tienen una estrategia para cada falso izquierdista con la cual alimentan sus miedos y ambiciones, obligándolos a no juntarse, a no sumar esfuerzos para destruir el actual régimen corrupto de privilegios.
Era típico y sigue utilizándose, la invitación a las grandes comilonas para el hambriento, donde comer rarezas como caviar, salmón, tintos y licores de toda especie, sellaba el pacto de traición con las causas populares; por cierto, el traidor Cypher en la película de Matrix, de los hermanos, ahora ambos, hermanas Wachowski, pide a los agentes como pago por la traición: ¡un buen filete y una copa de vino!
Pero no solamente se coopta y se estimula la traición con comida y vino; sino con sexo y ahí está disponible un catálogo de meretrices que también rondan la política o son usadas desde el secuestro de las mujeres de las clases más bajas y ahora, o desde siempre: el uso de eunucos o prostitutos para los mismos fines.
Más debilidades tienen los de izquierda que los de derecha y sobre esas las ofertas son sistemáticas: a los avariciosos, se les ponen hasta las ligas con fajos de billetes por delante; a los egocéntricos se les aplaude y se les adula hasta el cansancio; a los egoístas se les conmina a no repartir y se les obsequian más cosas para que atesoren, diría Freud, hasta sus excrementos; a la lujuria se les expone la pornografía por toneladas; a los vanidosos se les regalan espejos distorsionados para que no vean su propia fealdad, bueno también cosméticos y cirugía plástica; a los infieles se les ponen delante varios partidos políticos o dioses o mujeres u hombres, de tal suerte que su relativismo axiológico tenga de donde escoger y que la lealtad, no sea virtud, sino algo despreciable.
En ese mundo creado por el capitalismo donde lo individual a ultranza destruye los social como necesidad de ser humano; los líderes de izquierda, son marionetas de las fuerzas del centro derecha y comiendo de la mano viciosa de neoliberalismo contribuyen a la reproducción del sistema: ¡ellos prefieren sus privilegios!
Por eso es fácil dividir y envenenar las relaciones políticas entre las izquierdas (debe leerse lideres de izquierda) porque la cultura hegemónica tiene para cada uno de sus vicios el premio especial para nutrirlos y exacerbarlos.
Otras izquierdas se mueve en lo profundo, buscarán un discurso más aguerrido, más “revolucionario” y aglutinarán los enconos de los pobres contra los ricos; de los antisistema contra los prosistema y entonces, destruidas las viejas y arcaicas instituciones, construirán un nuevo sistema que destruya las falsas izquierdas y su sistema de privilegios.
Entre varias opciones, para los militantes demócratas y convencidos que no están de acuerdo con las nuevas castas, es sin duda, impulsar desde abajo y hacia arriba, la unidad de todas las izquierdas en torno a un programa social que construya un nuevo Estado que sea capaz de redistribuir las riqueza, traslade el poder a una ciudadanía participativa que vigile de mejor manera a los políticos y los sancione si roban y que construya una nueva hegemonía cultural donde la centralidad del sistema sea el hombre, lo social y no la ganancia del capital.
Finalmente, preguntémonos: ¿Qué vicio me alimenta el sistema que me impide realmente luchar en contra de él? Hic Rhodus, ¡Hic salta!.