Published On: Sab, Sep 16th, 2017

CARLO DURAND.

REFLEXIÓN MATUTINA DE UN VIEJO LOBO DE MAR.

Tetraheroica Veracruz el 16  de septiembre  de 2017.

Hoy escribo sobre uno de los pioneros del buceo mexicano, cuya vida plena y llena de aventuras bien vale la pena relatar. Se trata de Carlo Gastón Durand, mexicano de ascendencia francesa quién inició el buceo en Zihuatanejo y fue Delegado de la Federación Mexicana de Actividades Subacuáticas en ese lugar.

CARLO  DURAND.

POR: Edwin Corona y Cepeda.

Dedicado a Juan Carlos Chávez.

      Poco o nada se conoce de la infancia de tan peculiar personaje a quién sus padres en sus años mozos enviaron a estudiar la carrera de enólogo a Francia, llegando a titularse en tan especial actividad, más cuando estaba a  punto de retornar a México en 1940 le sorprendió la invasión nazi a París, siendo detenido por la Gestapo y condenado a reclusión en un campo de concentración para extranjeros, donde, al cabo de casi un año de prisión, logró obtener su libertad.

       Sin embargo, su libertad provisional le impedía  salir de Francia, por lo que se enroló en el “maquis” organismo de defensa clandestino francés en el cual participó en varias acciones guerrilleras hasta obtener el grado de Capitán del Cuerpo de Paracaidistas, siendo condecorado al final de la guerra por el Gobierno francés, quién le permitió retornar a México.

        Ya en México inició su trabajo  como técnico en alcoholes en la Secretaria del Trabajo, ascendiendo rápidamente a la categoría de Asesor de la Dirección General de esa Secretaría en el ramo de vinos y licores. Desde ese encargo puede señalarse que también fue pionero de la incipiente  industria vitivinícola mexicana impulsando viñedos sobre todo en la zona centro y norte del país.

        Movido por su afán de aventura ingresa al Club de Exploraciones de México  y en muy poco tiempo realiza el ascenso de Las 10 Cumbres, por lo que se le otorga el reconocimiento correspondiente.

         Enterado de la existencia del Socorro Alpino Mexicano (SAM)  cunando este se ubicaba en el tercer piso de San Juan de Letrán 80, traba contacto con el Jefe de la Patrulla de los Ríos Subterráneos  o Patrulla 4 del SAM, David Corona Soto y con otros renombrados alpinistas como el Lic. Adolfo “Ito” Vázquez Romero, la “Negra” Trinidad Luqueño  y los hermanos Coste de la Sección Alpina del Club España. Curiosamente, todos ellos dejan el alpinismo y se dedicarán posteriormente a la práctica del buceo.

          Derivado del Club de los Hombres Rana de la Ciudad de México se constituye el Club de Exploraciones y Deportes Acuáticos de México (CEDAM) con cuyo primer  Presidente Pablo Bush Romero traba contacto y pronto Carlo Durand se integra en calidad de buceador al CEDAM y participa en varias exploraciones submarinas de renombre.

          Esta incipiente afición le lleva a principios del año 1960 a Zihuatanejo, lugar que en aquel entonces era únicamente accesible en pequeñas avionetas que partían del aeropuerto de Toluca hacia ese lugar. Y allí es donde Carlo Durand habrá de convertirse en un legendario personaje al conformar en la entonces paradisiaca Playa Las Gatas la primera escuela de enseñanza del buceo en Zihuatanejo, a la que, le da un pintoresco toque parisino al colocar una placa de la Rue Colisee a la entrada de la cabaña donde Carlo fijó su residencia por muchos años.

           Zihuatanejo y en especial Playa Las Gatas era conformado por unas cuantas familias entre las que destacaba la formada por Albita Lara y su esposo Mundo Olascoaga, “El Farero”, los Bustos, Salomón y Amado así como su padre Don Vidal, Oliverio Maciel y su familia  y los lancheros “El Pijije” y “el Patotas”, quienes tripulaban las embarcaciones de Carlo Durand  y Oliverio Maciel.

           Pocos eran los turistas submarinos de esa época, siendo la mayoría de ellos italianos como Paolo Alfieri y varios más de sus compatriotas que disfrutaban del ajenjo que Carlo Durand preparaba para sus huéspedes y amigos.

          En ese entonces la cacería submarina ofrecía grandes atractivos a sus practicantes y era común llegar a la Roca Solitaria a la entrada de la Bahía con un arpón en cada mano, caer al agua de espaldas y disparar cada uno de los fusiles sin temor a fracasar, pues era tal la cantidad de peces que allí se aglomeraban que era prácticamente imposible fallar. Y en una ocasión Carlo arponeó  al Pijije quién sin decir agua va, se lanzó al agua portando una blanca camiseta y como la visibilidad era escasa Carlo solo vio lo blanco y suponiendo que  era el dorso de un gran pez la disparo rozando, por fortuna uno de los brazos del Pijije y así la cosa no llegó a mayores.

       Yo acostumbraba acampar cerca de la cabaña de Carlo, ya que a este le gustaba la música clásica y contaba con un excelente equipo de sonido que permitía gozar de todo un concierto, descansando en una hamaca.

          También era frecuente hacer la sobremesa  con Carlo en el improvisado restaurant de Albita, quién por la fabulosa cantidad de 40 pesos diarios nos daba de  desayunar, comer y cenar. Y no se vaya a pensar que nos moríamos de hambre pues en el desayuno se servía toda la fruta o jugo que se logrará ingerir, un gran pocillo de café con leche o chocolate, acompañando de un paquete de Pan Bimbo, un par de huevos al gusto,  chilaquiles y frijoles.

   Al medio día no faltaba el caldo de pescado, el pescado a la “talla”, las almejas chocolatas en su concha o el chilpachole de jaiba acompañado de frijoles refritos,  tortillas calientitas  recién salidas del comal, plátanos con crema y un par de “cheves”.

     En la cena era común el pozole, los tamales, los tacos de pescado y el champurrado o atole de fresa. La pura vida aderezada con la amena platica de Carlo Durand o alguno de sus amigos como Jacques Dumas, Pierre Perraud, Owen Lee  o una actriz de cine como Isabel Soto la Marina, Lola Beltrán o Gloria Mestre.

     Más no todo es felicidad en esta vida, pues un 1° de enero apenas cuando empezaba un nuevo año  me despertó mi compadre Salomón con la funesta noticia del fallecimiento de Carlo Durand.

       La Escuela de Buceo de Carlo Durand pasó a manos de su hijo Jean Claude y al fallecimiento de este al nieto de Carlo, quien ante la apatía y abulia de los directivos de la Federación  Mexicana de Actividades Subacuáticas decidió convertirla en un Centro de Buceo PADI, siendo una más de las empresas de buceo mexicanas afiliadas a esta trasnacional.

¡QUE TENGAN UN BUEN DÍA!

 

 

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